De cómo dejé que los complejos me amargaran la vida

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Buenos días chicas, hoy no hay Outfit, ni truquitos de belleza, hoy quiero hablaros de las cosas que dejé vivir por culpa de mis complejos.
Rondaba los 17-18 años, tras recuperarme de trastorno de alimentación que arrastraba, recuperé el peso perdido (el que perdí y el que había perdido otra). La cuestión es que me volvía a ver horrible, gorda otra vez y no me fue fácil asimilarlo. Por aquél entonces, me marché a Italia los meses de verano, mis amigos de toda la vida empezaban a salir más, coger el coche, la moto e ir a la playa, piscina y fiestas.

Quizás por el gran complejo que tenía, sentía que en todo momento me estaban mirando a mí, que se burlaban de mi cuerpo, que era el centro de todas las miradas y dejé de ir a la playa y piscina con ellos. Ya no era cuestión de quitarme la ropa yo, si no de ver como babeaban literalmente por mis amigas que llevaban minúsculos bikinis y que a mi, con ese bañador de anciana, no me miraban más que para reírse de la gorda en bañador.

Pasé el último mes encerrada en casa, bajando solamente cuando estaban por aquí por la urbanización, puesto que empezó a darme vergüenza incluso ir a cenar con ellos, porqué a mi me gusta comer, me encanta y más cuando estoy allí y puedo comer lo típico de allí. Y así pasé mis vacaciones, alejadas de mis amigos, saliendo solamente con mi madre cuando iba a comprar o dar una vuelta por el pueblo.

No le di mucha más importancia, puesto que lo justifiqué con el hecho de que la mayoría de mis amigos eran chicos y por eso me daba más corte de lo normal.
Volví aquí, era finales de agosto y me pasó lo mismo. No quería ir a la playa con mis amigas, sin querer comparaba mi cuerpo con el de ellas y me sentía mal, volvía a sentirme el centro de atención fuéramos al sitio que fuéramos.

Claro, imaginaros, ellas con sus cuerpos de niñas y yo tenía las mismas marcas que mi madre, que mi tía, que mi abuela en el cuerpo... Y no lograba entender ni perdonarme, como de 69 kg había vuelto a los 80 sin darme cuenta.
Imaginaros ir a comprar con ellas que entraban a Bershka y derivados y yo era incapaz de decirles por miedo, no vamos a Promod, M&S moda, Primark o cualquier tienda que no estuviera de moda.



A día de hoy es distinto, ya no soy esa niña acomplejada (por lo menos no tanto) y sé que no es fácil lidiar con los complejos y sé que no es fácil enfrentarnos a ellos. Pero me hubiera gustado que en su momento alguien me hubiera dado esa colleja de realidad, me hubiera explicado todas las cosas que me he perdido por miedos, todo lo que no he vivido (o vivido de manera distinta). 





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