domingo, 2 de abril de 2017

¿Qué coño miras?



Después de 16 horas de trabajo, decido ir a pasear con mi pareja en una ciudad cualquiera, de la mano, como siempre, como hacen todas las parejas. De repente cruzas la mirada (¡maldito momento!) con alguien que te repasa de arriba a abajo a ti y luego mira con desdén a tu pareja. No han habido palabras, no han sido necesarias, tu mirada llena de desprecio lo ha dicho todo




¿Qué coño miras?

Tú, sí, a ti te lo digo. ¿Qué estás mirando?

¿Es que tengo monos en la cara?

¿No te gusta lo que ves?
¿No soy el tipo de chica que tú cogerías de la mano?
¿No soy el tipo de chica de la que te enamorarías?
¿No soy el tipo de chica que te llevarías a la cama?
¿No llevarías esa prenda con mi cuerpo? 


Lo entiendo, lo respeto. ¿Pero porqué me miras así? Porqué intentas hacerme sentir mal con tu mirada llena de desprecio... ¿Te crees mejor que nadie por mirar por encima de los hombros a los demás? Es que a caso sólo puedes sentirte grande cuando en tu mente empequeñeces a los demás. 

Entonces el problema lo tienes tú, el problema es tuyo, estás tan lleno de prejuicios que eres incapaz de ir por la calle contemplando la belleza del mundo que te rodea, sólo contemplas los defectos de los demás para así tapar los tuyos. Quieres llenar a los demás de inseguridades para tapar tus propios vacíos. Tu autoestima depende del daño que haces a los demás, de cuánto eres capaz de someter al mundo ante ti, es triste. 

Y me das pena, pena porqué quizás tus prejuicios impidan que encuentres algo más allá que una capa superficial. Pena porqué en el fondo pienso en lo vacía que debe ser tu vida para ir paseando un domingo de la calle ríendote de los demás en lugar de disfrutar de eso, de la tarde.

Es cuando ocurren cosas así, que tras vivir un momento así giro y miro a la persona que me lleva de la mano por el mundo y sonrío, sonrío de felicidad. Porqué a fin de cuenta son las miradas de las personas que de verdad me importan las que necesito, con las que me quedo. Los demás, los demás son polvo, personas que se cruzan en mi camino (y nunca mejor dicho) para formar parte de él durante instantes efímeros, que seguramene no volveré a encontrarme en la vida (por suerte).








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